Notificaciones anímicas

Diego Valeriano

Esa deuda que tenes te tira todo el tiempo notificaciones anímicas. Tres de la mañana, y tin, te despertás. Cuando se te rompe la heladera, tin, no podés. Cuando vas a pedir otra birra, tin, mejor no. Cuando te entra un WhatsApp de un número desconocido, tin, te bloqueás. Tu ex quiere verte después de meses de mensajes tuyos de reconciliación y tin, no sabés si ir o no. Dudás, desconfiás, sabés. En una de esas se quiere reconciliar. O, peor, te quiere cobrar los 500 dólares que te prestó hace dos años. Tin. Otra vez la deuda. Tin. Otra vez la angustia. ¿Cómo bancás este infierno? Tin, tin, tin.

Milei tiene razón, nadie nos puso una pistola en la cabeza para endeudarnos. Es solo nuestra condición nacional, no individual. La doña se endeuda para los remedios, Juli para el alquiler, Ulises cubre con deuda los días que le sobran del mes, yo le debo hasta al transa. Además de la deuda con el colegio, con el kiosco, con tu suegro, de la patente, con mi hermano, con ARBA. Yo, tú, él. Milei es la época. Nadie nos puso una pistola en la cabeza, solo es que la época nos cogió.

No hay nada más gede que una deuda. No hay nada más gede que la insistencia permanente de que debés y vas a seguir debiendo porque no podés otra cosa, porque no se puede otra cosa. A veces mucho, a veces poco, a veces imposible. No hay nada más feo que sentirte así y te la gedan todo el tiempo. Quien tiene un amigo argentino, tiene un amigo endeudado. Más si ese amigo vive de su sueldo.

Hace unos años estaba de moda decir que nos faltaba educación financiera. Hasta decían que tenía que ser una materia en la escuela. Se opinaba, se daban talleres, mentorías, giladas. Hasta las mentes más brillantes de mi generación cayeron en esa trampa. Hoy ni educación, ni financiera, ni qué hacer con esos pesos que ya no alcanzan. Solo angustia y desazón. Pedagogía del oprimido. Tin, tin, tin. El estudio jurídico que le compró a Brubank tu deuda de unos pocos pesos le escribe a tu ex, a tu mamá, a tu vecino. Tin, tin, tin. A un compañero del laburo, a la que te gusta, a tu abuela que está en el geriatrico. Tin, tin, tin

Un último endeudamiento, no, 

el de tu estado de ánimo, no!

La verdadera pedagogía del oprimido es cómo nos educan a fuerza de endeudarnos. ¿En qué otras cosas pensás cuando pensás en lo que debés? Pensás en la tarjeta, no en vos. En el vencimiento, no en pavear. En que no conviene abrir ese WhatsApp, no en mandar nudes. En si atender o no ese llamado de un número desconocido. En el alquiler que aumenta, no en arreglar el termotanque. En las segundas marcas. En cuánto sale el arreglo del auto. En la muela que duele, pero IOMA está en conflicto, un mejoralito y seguir.

En los remedios que comprás a medias. En el cumpleaños al que no podés ir porque no sabés qué regalar sin gastar demasiado. En el café que no te tomás. En la moto Didi que pedís con esta lluvia. En la vergüenza de deberle a alguien que querés y te quería. En la culpa de no llegar. En la próxima notificación anímica. Deber no cambia al mundo, cambia a las personas que no van a cambiar el mundo.

De Toto Caputo a Paulo Freire, de las fábulas de Milei a la oposición fabulando, de Majul explicando cómo tenés que vivir miserablemente al hijo de Majul hablando de la interna del peronismo, de Galperin tuiteando como un campeón a la urgencia de una guerra civil por una moratoria total como única salida posible. Porque va a pasar. Tarde o temprano la moratoria tiene que pasar. La guerra civil tiene que pasar. 

Necesitamos una moratoria que nos perdone todas las deudas de subsistencia que arrastramos, todas nuestras pequeñas miserias. Que nos exculpe de esta época en la que apenas subsistimos, así no nos despiertan más esas notificaciones anímicas que tanto mal nos ponen. Tin, tin, tin.

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