¿Descubridores de América?

Por Pablo Tsukayama

América fue el último gran continente en ser poblado por nuestra especie. ¿Qué nos dice en ADN sobre esta gran expansión? Hace unos 15,000 años (quizá antes) grupos de Homo sapiens llegaron al último gran continente aún sin poblar: América.

Durante décadas, la historia se contó de forma relativamente simple: una población ancestral cruzó desde Asia a través de Beringia (la masa de tierra que unió Siberia con Alaska durante la última edad de hielo), se expandió hacia el sur y, con el tiempo, dio origen a los pueblos indígenas del continente. La genómica ha mostrado que la realidad fue mucho más compleja.

Los primeros estudios, basados en el ADN mitocondrial y en el cromosoma Y, propusieron una etapa de aislamiento en Beringia, seguida de una rápida expansión hacia el sur. Luego, los estudios de genoma completo demostraron que los ancestros de los primeros americanos combinaban ascendencia relacionada con poblaciones del este de Asia y con antiguos pueblos del norte de Eurasia. El gran cambio llegó con el ADN antiguo (ancient DNA). Genomas de personas que vivieron hace miles de años mostraron que la historia de América no fue una sola migración seguida de aislamiento, sino que hubo divisiones tempranas entre poblaciones, movimientos de norte a sur, reemplazos parciales, continuidad regional y nuevas mezclas a lo largo de miles de años.

Un nuevo estudio publicado en Nature en 2026 lleva esta historia un paso más allá. Investigadores de la Universidad de São Paulo y de la Universidad Pompeu Fabra secuenciaron 128 genomas completos de alta cobertura de 45 poblaciones indígenas de 8 países de América Latina y pertenecientes a 28 familias linguisticas, e integraron esos datos con genomas antiguos y modernos. Los resultados sugieren que al menos tres grandes corrientes de ascendencia contribuyeron a poblar Sudamérica, seguidas de diferenciación regional y de largos periodos de continuidad.

El estudio también analiza una señal genética fascinante llamada Ypykuéra o Population Y: algunas poblaciones sudamericanas comparten más variantes con poblaciones australasianas que con otras poblaciones americana. Esto no significa que los australianos hayan viajado directamente a Sudamérica. Más bien, apunta a una antigua población ancestral asiática todavía poco conocida. Su origen exacto sigue siendo una incógnita. Quizá el resultado más importante sea otro: al comparar estos genomas con las grandes bases de datos mundiales, se detectan enormes cantidades de diversidad genética que prácticamente no estaban representadas.

Esto importa porque reconstruir la evolución humana depende de a quiénes caracterizamos. Si la mayoría de los datos proviene de unas pocas poblaciones (usualmente en países del norte global), nuestra historia quedará incompleta y nuestra diversidad estará subrepresentada. América no fue poblada por una sola “ola”. Lo que tenemos hoy es el resultado de migraciones, mezclas, aislamientos y reemplazos a lo largo de miles de años. Y todavía estamos apenas leyendo una parte muy pequeña de esa historia escrita en nuestro ADN.

Compartir :