Por qué se quebró el clima de aprendizaje en Argentina y qué pistas ofrece PISA para recuperarlo
El 58% de los estudiantes dice que el ruido y el desorden interrumpen las clases: es el porcentaje más alto del mundo. Argentina figura a la cabeza en distracción por celulares. Expertos y docentes señalan problemas de autoridad, respaldo familiar y cultura institucional, y analizan qué debería cambiar
Por Alfredo Dillon
El dato sobresale incluso dentro del panorama preocupante que mostraron los resultados de PISA 2025 para la Argentina. El 58% de los estudiantes de 15 años dijo que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o todas sus clases de Ciencias. El promedio de los países de la OCDE es del 31%: Argentina registró el porcentaje más alto entre los 91 sistemas educativos participantes.
No es el único indicador que describe dificultades para sostener un ambiente de trabajo en las aulas. El 47% de los estudiantes argentinos afirmó que sus compañeros no escuchan lo que dice el docente, contra 29% en la OCDE. Y el 29% dijo que los alumnos no pueden trabajar bien en la mayoría o todas las clases, frente a un promedio de 19% entre los países desarrollados.
Los datos surgen del cuestionario que responden los propios estudiantes, y se refieren a las clases de Ciencias porque fue el área principal de la evaluación de 2025 –también se evaluaron, como siempre, Lectura y Matemática–. La magnitud del resultado coloca al clima de aula entre los problemas que aparecen con mayor nitidez para Argentina en la comparación internacional.
La OCDE define ese clima a partir de cuestiones concretas: si los estudiantes escuchan al profesor, si hay ruido y desorden, si pueden trabajar bien, cuánto tarda el curso en disponerse a trabajar y si la clase comienza a tiempo. En casi todos los países, quienes reportan un mejor clima disciplinario también obtienen mejores resultados en Ciencias y muestran actitudes más positivas hacia el aprendizaje.
Si bien Argentina lidera en este indicador, el problema del desorden en el aula parece estar extendido en la región, según surge de PISA. Jaime Saavedra, director de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, planteó durante un seminario organizado esta semana por Fundación Varkey y Argentinos por la Educación que “América Latina tiene un problema grave de clima del aula”, con indicadores mucho más críticos que el promedio de la OCDE.
Detrás de Argentina, el país con mayor desorden en las aulas –según lo que informan los propios estudiantes– es Uruguay (50%), y el tercero a nivel mundial es Paraguay (48%). En el top 10 global de ruido y desorden escolar también aparecen Brasil (44%) y Chile (43%).
Una autoridad debilitada
¿Por qué Argentina aparece en una situación tan extrema, incluso por encima de sus vecinos? ¿Responde a una característica cultural vinculada con el “caos creativo” que algunos estereotipos asocian con la idiosincrasia nacional? ¿O faltan herramientas sólidas para poner límites? Las respuestas de los especialistas consultados por Infobae coinciden en que el problema no puede atribuirse sencillamente a alumnos “más indisciplinados”, sino que obliga a mirar las condiciones institucionales en las que se ejerce la autoridad docente.
Mariano Narodowski, director del Área de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella, rechaza de plano la explicación cultural y ubica el origen del problema en la crisis de la autoridad escolar: “No creo que el desorden en las aulas sea una peculiaridad cultural argentina ni que nuestros alumnos tengan una inclinación especial hacia la indisciplina. Es el resultado de un largo debilitamiento de la autoridad escolar porque durante décadas el discurso progresista de todos los gobiernos confundió autoridad con autoritarismo, desarmando la autoridad docente sin construir nada que la reemplazara”.
“La vieja escuela podía imponer orden mediante prácticas que hoy serían inaceptables; la escuela actual, afortunadamente, ya no dispone de esos recursos, pero tampoco recibió de parte de los funcionarios otros recursos adecuados para organizar la convivencia y sostener la enseñanza”, plantea Narodowski.
“A esto se suma la deslegitimación pública de los educadores. Familias y funcionarios cuestionan su autoridad y después les exigen que controlen el aula. Una autoridad que no es respaldada por las normas ni por los gobiernos no se sostiene frente a treinta adolescentes”, continúa el especialista.
Y propone: “La respuesta es fortalecer a los equipos directivos y devolverles capacidad de decisión a las escuelas para establecer pocas reglas, claras y previsibles, aplicarlas con consecuencias graduales y hacerse responsables por los resultados. No se trata de volver a la escuela autoritaria ni de imponer un nuevo manual ministerial de autorregulación de los estudiantes, sino de construir una autoridad legítima que permita volver a enseñar”.
Axel Rivas, profesor e investigador de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, enfatiza el carácter multicausal del fenómeno y resalta que no es la primera vez que Argentina queda entre los países con peores indicadores de clima de aula en PISA.
“Es tan complejo el fenómeno, que requiere también acciones diversas. Por un lado, requiere un trabajo más fuerte con la cultura institucional de las escuelas, con lo que mucha investigación muestra que tiene mucho impacto también en el clima del aula: la cultura institucional”, señaló.
Rivas coincide con Narodowski en que una pieza central de la respuesta es la conducción de las escuelas: “Me parece muy importante trabajar en los equipos directivos, profesionalizar más ese rol, crear una carrera directiva específica, con una formación y con un salario acorde, para que sea un cargo desafiante, buscado, profesional y con liderazgo pedagógico para conducir instituciones que hoy son muy complejas”. Y agrega: “Algunas provincias han avanzado en esa dirección. Córdoba es un caso interesante para mirar porque logró mejorar sus resultados en PISA, a contramano del resto del país”.
Viviana Postay, formadora de docentes y especialista en gestión educativa, también habla de un debilitamiento de la autoridad: “El problema del clima escolar en Argentina no es una fatalidad folclórica ni una simple ‘marca cultural’, sino el síntoma visible de una profunda erosión de la autoridad pedagógica y del pacto entre adultos”.
“Durante años se confundió democratización con desgobierno y encuadre con autoritarismo. Esa falsa dicotomía dejó a la docencia en una soledad absoluta: se le exige sostener la atención de aulas atravesadas por la dispersión digital y la apatía, pero cuando intenta fijar límites formativos, muchas veces se encuentra con la judicialización o el litigio de las propias familias, y con regímenes académicos que terminan premiando la ficción de trayectorias antes que el compromiso y la presencia real. El ruido en el aula no es solo indisciplina: es la ausencia de un marco institucional que habilite la concentración y el trabajo”, afirma Postay.
Pablo Mainer, fundador de la ONG Hablemos de Bullying y referente de Argentinos por la Educación, también descarta que el desorden pueda explicarse como una falla individual de los docentes y habla de una “crisis sistémica de autoridad adulta y de encuadre institucional”. “No se trata solo de las herramientas que tiene el docente, sino también de las familias, del cuerpo no docente y del equipo directivo.
Esa autoridad hoy se tiene que construir desde el vínculo y no puede ser construida en soledad. Los chicos van a reconocerla cuando vean una coherencia en los adultos, entre familia, docentes y directivos”, afirma. (Infobae)





