La velocidad al caminar, la fuerza, el equilibrio y la resistencia ofrecen pistas sobre la movilidad y la independencia. Estas pruebas pueden hacerse en casa, pero sirven como orientación: no reemplazan una evaluación médica.
Por Hannah Singleton
1. Velocidad al caminar
Indica movilidad y vitalidad general. Marca un tramo de 10 metros y agrega dos metros antes y después para acelerar y frenar. Cronometra solo el tramo central, caminando a un ritmo cómodo, y divide 10 por los segundos empleados. En mayores de 60 años, una velocidad habitual se ubica entre 0,8 y 1,2 metros por segundo. En adultos de mediana edad, se propone como referencia alcanzar 1,3 metros por segundo a ritmo cómodo.
2. Sentarse y levantarse
Evalúa la fuerza de piernas, caderas y tronco. Usa una silla firme, cruza los brazos sobre el pecho y levántate por completo cinco veces, sin apoyarte con las manos. Registra cuánto tardas. Si la prueba resulta muy fácil o difícil, cuenta cuántas veces puedes repetir el movimiento en 30 segundos. La dificultad para levantarse puede ser una señal para consultar a un profesional y trabajar la fuerza.
3. Fuerza de agarre
La prensión da una referencia de la fuerza general. Se mide con un dinamómetro, disponible en algunos consultorios y también para uso doméstico. Como referencia, se considera baja por debajo de 26 kilos en hombres y 16 kilos en mujeres; valores reducidos se han asociado con mayor riesgo de discapacidad y hospitalización.
4. Equilibrio sobre una pierna
Mide estabilidad y ayuda a detectar posibles dificultades que aumentan el riesgo de caídas. Junto a una pared o una mesada para tener apoyo cerca, levanta un pie y mide cuánto sostienes la posición sin tocar el suelo ni agarrarte. Prueba ambos lados. Menos de cinco segundos en adultos mayores se asocia con mayor riesgo de caídas. Las referencias cambian según la edad.
5. VO₂ máx.
Estima cuánto oxígeno puede utilizar el cuerpo durante el ejercicio y refleja la capacidad cardiorrespiratoria. La medición más precisa se realiza en un laboratorio; algunos relojes y otros dispositivos ofrecen estimaciones menos exactas, útiles para observar tendencias. Más que una cifra aislada, importa si se mantiene, mejora o disminuye con el tiempo. Caminar a paso ligero, andar en bicicleta, correr o nadar ayuda a entrenar la resistencia.
Haz las pruebas cerca de un apoyo y detente si sientes dolor, mareo o inestabilidad. Los cambios persistentes en la movilidad o la fuerza merecen una consulta con un profesional de salud.





