La nueva pirámide alimentaria de Estados Unidos no solo da vuelta décadas de recomendaciones: inaugura un nuevo paradigma. En Argentina, con nuestro esquema circular vigente, el impacto ya se siente. ¿Qué va a pasar ahora?
Vaneloga
Ya nos habíamos dado cuenta: el trigo, en muchos casos, nos está haciendo daño. Lo mínimo que provoca es inflamación, malestar en la panza, incomodidad que se vuelve parte del día a día sin que sepamos por qué. Muchas personas lo entendieron y decidieron dejarlo atrás, abriendo camino a una búsqueda activa de alimentos intactos, recetas simples y nuevas formas de suplir esa parte de la dieta sin resignar bienestar. Porque si bien cada cuerpo es distinto, conocer las propias necesidades se vuelve clave. Esta nueva pirámide viene a confirmar ese cambio: da vuelta todo para bien, dejando en lo más bajo al trigo y a los ultraprocesados, y devolviéndole el lugar que merece a lo más básico, lo más vivo: la huerta, el alimento real. El que nace en casa o en el campo. El que nos sostiene de verdad.
En enero de 2026, Estados Unidos presentó una nueva pirámide nutricional que no se parece a nada conocido. Es invertida. Literalmente. No sólo como gesto gráfico, sino como manifiesto. Esta imagen da vuelta décadas de supuestos y redefine qué, cómo y para qué comemos. En tiempos donde todo se revisa, incluso el modo en que nos alimentamos, esta pirámide es más que una figura: es una declaración de principios.
En Argentina, si bien las guías oficiales (GAPA) mantienen desde hace años una estructura circular basada en seis grupos de alimentos, con fuerte énfasis en lo vegetal y en la reducción de sal, grasas y azúcares, lo cierto es que el modelo estadounidense impacta por su potencia simbólica. Es probable que muchas corrientes nutricionales locales adopten esta forma de pensar la dieta: desde arriba hacia abajo, y no al revés.
La nueva pirámide nutricional presentada por el gobierno de Estados Unidos en enero de 2026 no pasó desapercibida. Con una estética invertida, disruptiva y visualmente impactante, propone un cambio profundo en la forma de entender la alimentación saludable. En otras palabras: lo que por años estuvo en la base, ahora va arriba. Y lo que era considerado central, hoy se ubica en el punto de menor prioridad.
La flamante guía alimentaria 2025–2030 fue desarrollada por el Departamento de Agricultura (USDA) y el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de los Estados Unidos, con el respaldo del Congreso y bajo el lema “Make America Healthy Again”. Fue presentada oficialmente el 7 de enero de 2026 y marca el mayor giro nutricional federal en décadas. Su gráfico central: una pirámide invertida con cinco niveles, donde la punta inferior ya no representa lo “poco recomendado” sino el nuevo punto de partida.
En el nivel superior (ahora la base visual), están los alimentos ricos en proteínas y grasas saludables: carnes magras, pescado, huevos, frutos secos, aceite de oliva, lácteos enteros. Le siguen las frutas y verduras frescas, luego los granos integrales. En el extremo inferior, reducido y marcado en rojo, se ubican los azúcares añadidos y los hidratos refinados, que deben limitarse al máximo.
Menos ultraprocesados, más alimentos reales, densos en nutrientes y sin etiquetas industriales. Esta nueva lectura nutricional pone el foco en lo biológico, lo ancestral, y en recuperar un metabolismo funcional a partir de lo que de verdad nutre.
Lo interesante de esta propuesta es que, al invertir el orden, también reordena las prioridades. Y como dice la canción de Sumo: “al derecho estoy yo, al revés estás vos”. Lo que ayer nos vendieron como saludable, hoy puede estar sostenido por intereses industriales. Y lo que por décadas nos dijeron que debíamos evitar, hoy vuelve a escena con respaldo científico.
La nueva pirámide no sólo invierte el orden de los alimentos. Invita a pensar desde otro lugar. A revisar creencias. A volver a lo simple. Porque para estar bien, tal vez haya que empezar por dar vuelta todo.
En Mirada Argentina celebramos la puesta en escena de una nueva mirada sobre la alimentación, valorando el impacto simbólico de la pirámide invertida, pero sin perder de vista la practicidad del esquema circular que usamos en nuestro país. Creemos que la combinación de ambos enfoques —la jerarquización clara de nutrientes y la distribución equilibrada del plato argentino— permite un modelo más realista, aplicable y cercano al día a día. Porque no se trata solo de lo que comemos, sino de cómo lo integramos en nuestras rutinas con sentido, criterio y coherencia cultural.
Fuentes consultadas:
Guía Alimentaria 2025–2030, USDA – Departamento de Agricultura de EE.UU.
HHS – Departamento de Salud y Servicios Humanos
GAPA – Guías Alimentarias para la Población Argentina





